martes, 25 de marzo de 2008

Destruye y calla. Sesión 2. La carretera no es tuya, cretino

Bienvenidos a una entrega más de mi pequeña sección “¡mi reino por una pistola!”.
Para los que no la conozcan diré que se trata de una pequeña reflexión acerca de temas cotidianos que me sacan de mis casillas o que, por un motivo u otro, me han llamado la atención y que debo compartir con el mundo (¿Es justo para los demás el compartir mis opiniones? ¿Tiene que aguantarme la gente? PUES CLARO QUE NO. Pero el blog es mío y me lo tiro cuando quiero).

Quisiera llamar la atención del lector sobre un tema que a mí me pone un poco nervioso. Este tema no es otro que la proliferación de coches de lujo en nuestras carreteras. No es que tenga nada en contra de estos coches, sino más bien sobre el mundillo que los rodea y sobre el cual he pensado. He hecho este pequeño estudio antropológico para intentar entender, a la par que mostrar, los entresijos que mueven este particular microcosmos.

Debo advertir que sólo estoy generalizando pero que no soy un radical y entiendo que siempre hay salvedades. NO TODOS deben sentirse atacados por mis palabras porque no es mi intención insultar, a veces sí, sino sólo llamar la atención sobre algo que me pone los pelos de punta.

Para hacer este pequeño estudio he decidido desglosarlo en torno a las gentes que se mueven en este mundo de los supercoches:

LOS FABRICANTES: Bien, empezamos con ellos porque son los creadores de estas máquinas. En su mayoría se tratan de empresas alemanas e italianas. También las hay japonesas, inglesas, etc… pero son estos dos países los que concentran una mayor producción de estos coches de lujo Yo me pregunto ¿por qué? Muy sencillo. A saber, en el caso alemán es simple entenderlo. Un país que no pone hielos en los cubatas y cuyo café es tan asquerosamente malo, por necesidad, debe dirigir a su población hacia actividades creativas para intentar evitar que piensen mucho tiempo en su desgracia. Un hombre o mujer sin café y con cubatas calientes es un caldo de cultivo para la revolución. Está claro que su creatividad viene de ahí. Ejemplos los tenemos con los Bmw, Mercedes, Audi, Porsche. Grandes coches hechos por una población desgraciada por el mundo que los rodea.
El caso de Italia es más complejo. No lo entiendo porque nada bueno sale de ese país. La clave está en ver la cuestión desde una amplia perspectiva. Son un país sin gobierno desde 1945. Sus fiat se revolucionan con facilidad (yo tengo uno y lo sé), su comida es famosa en el mundo entero pero limitada a un solo plato…la pasta. Su moda también es conocida pero son vestidos cutres que venden a precio de oro. Entendiendo esto se puede lograr la comprensión de lo que son en realidad los coches de lujo italianos. Es decir, un Ferrari no es más que un misil balístico intercontinental con dos asientos, incómodo y sin aire acondicionado; un Bugati no es más que un “traga gasolina” con un precio astronómico y un Maserati no es más que diseño de pasarela. Y ¿hay diferencia entre los tres? Pues no, porque son coches biplaza, deportivos y que sólo sirven para manosear a la rubia que los tres traen de serie.
Se podría hablar del caso inglés pero no quiero entrar en juzgar su bella producción de Aston Martin o Rolls Royce en el hecho de que se apareen entre primos y hermanos y que intentan olvidar que son el país con el mayor número feos por metro cuadrado. En fin, un lío.

LOS VENDEDORES: Mal, muy mal. Los concesionarios, desde mi punto de vista, son el quinto anillo del infierno de Dante. Están a la misma altura que lo más rastrero de la sociedad. En mi caso, una vez, cometí el gran error de acercarme hasta un concesionario de BmW. Quería ver con mis ojitos el nuevo Mini. Craso error porque es un coche inútil ya que consume mucho, es caro y tiene el mismo maletero que los micromachines. Bueno, el caso es que me molaba. Voy al concesionario y empiezo a manosear el cochecito. Ipso Facto se personó ante mí el ayudante primero de la Corte Satánica, es decir, el bufón de turno de Satán, cuya mirada me radigrafió de arriba abajo en un intento de comprender qué es lo que hacía yo allí. Culpa mía, lo sé, porque tal vez mis pintas no fueran las correctas para pisar el hermoso suelo de la casa alemana. Sí, iba enseñando los calzoncillos, en zapatillas, camiseta friki de los transformers y chupa de cuero pasada de moda. Vale, no es la mejor indumentaria, pero si aparece Beckham de la misma guisa por allí seguro que no le tratan como a mí. La cuestión está en que el vendedor no podía echarme, así que decidió comportarse como si fuera mi colega del barrio y nos fuéramos a echar unos tragos y unos tiritos de coca. Supongo que son de estas técnicas que se enseñan a los vendedores, el rollo del contacto visual, saber de qué palo va el comprador… estupideces varias dignas de la culturilla moderna. El tío va y empieza a mover las manos como si fuera un rapero en pleno flow. Terminaba las frases con un coloquial “ya sabes”, en plan yankie “you know”. Lo mejor de todo es que el tipo pensaba que yo no había visto un coche en la vida y que él era el que me iba a guiar por los mundos del lujo. A su comentario sobre si quería cambiar mi mini por un hermoso BMW serie1 yo le contesté que no, que quería el mini. Cagada, el tipo se indignó más. Era como si me hubiera meado en la historia de BmW y hubiera violado los valores del buen gusto que a su criterio imperan en la fábrica alemana. Ya no había amistad, ni contacto visual ni nada. El tipo se dedicó a recitar lo que traía el mini de serie como si fuera C3PO puesto de speed, me dio unos folletos sobre el coche y me despachó corriendo.
Mal, tío, muy mal. No sabes quién soy. No te ganaste el cielo conmigo. Noté que había un gran abismo entre la forma de tratarme a mí y la manera en la que podía tratar al habitual comprador de coches de lujo. No es mi culpa si la puñetera casa bávara ha decidido comercializar un coche como el mini, accesible para todos los bolsillos. Amigo mío, si tu compañía los vende será mejor que empieces a aceptar que a tu hermoso concesionario van a ir entrando gente de toda calaña. Sip, vale, tu ropa cuesta una pasta y con la cantidad de gomina que te has puesto en el pelo se podría modelar el David de Miguel Ángel a tamaño natural. Sé que hay distancia pero si voy a darte mi dinero más vale que empieces a dignificar a las personas.

LOS COMPRADORES Y USUARIOS: Chungo percal. A ver, si tu ilusión es trabajar, ahorrar y darte un caprichito comprándote un coche lujo (si eres capaz de aguantar los desaires del vendedor), olé tus huevos. Es tu dinero y haces con él lo que quieras. Por mí estupendo, de verdad. No pasa nada. Pero quiero poner la atención en el hecho de que el usuario habitual de un coche de lujo es una persona de baja estofa moral. Me explico. Pongo la tele y ¿a quién veo conduciendo estos hermosos coches? Narcotraficantes, famosillos, nuevos ricos, banqueros, jugadores de fútbol, ejecutivos agresivos farloperos, vendedores de armas, estafadores, mafiosos, abogados, constructores, actores, músicos de tres al cuarto… vamos el tipo de gente con el que yo me siento identificado y con el que no me importaría pasar una agradable velada (ya sabéis, ellos, yo, y mi bate de béisbol de aluminio). No quiero que se me relacione con esa chusma ni por asomo. Además hay otro dato interesante que hay que recalcar. Por lo general, la agresividad del conductor de este tipo de coches va en proporción a la potencia que estas máquinas tengan. Cree el usuario de turno que el carril izquierdo de las carreteras está únicamente construido para su uso y disfrute. Él, o ella, consideran que la presencia de los demás usuarios, a excepción del que tenga un tanque o todoterreno, es un estorbo en su camino y deben hacerlo saber. ¿Cómo? Muy sencillo, con las luces largas. Tengo pruebas que demuestran que ningún coche de lujo tiene luces de posición, sólo tienen las largas. Con la pasta que cuestan ya podrían venir con el juego completo de luces, pero no, sólo tienen las largas, que son muy versátiles. Lo mismo valen para iluminar que para deslumbrar al resto como para advertir que van a toda leche y que te apartes de su camino.
También el usuario de este tipo de coches piensa que él ha invertido en seguridad. Si los coches están hechos para resistir impactos a los 100 km/h, el suyo los debe aguantar a 200, ¿no? Una vez leí que hay marcas de lujo, sobre todo coches deportivos, que invierten poco en seguridad por un hecho muy sencillo… si te metes una hostia a 230 ya puede venir dios hecho airbag que no te salvas.
También el agresivo conductor suele tener tendencias hacia el denominado “pique”. Por lo general es entre ellos. Es fácil ver en la nacional II a tipos con coches de gran cilindrada y lujo compitiendo entre sí para susto del resto de usuarios de esta carretera. Bien es sabido que este tipo de hechos son para suplir una carencia importante de sexo, un complejo fálico o un pene pequeño, pero ¿de verdad lo tienen que pagar con los demás? Vas tan tranquilo por la carretera y te encuentras que un coleguilla de estos te va dando las largas a lo lejos. Te intentas cambiar de carril y te das cuenta que otro inútil de flamante coche viene por la derecha en pleno pique con el anterior. Dudas. Si voy a la derecha me dan seguro y si me quedo en el carril, el que viene a toda pastilla, también me da seguro. ¿Qué haces? Fácil, pisa el freno, decelera, deja que el de la derecha pase mientras tú extiendes tu brazo derecho por la ventanilla del copiloto, levantando el dedito en típica postura de Fuck you a la par que también desplazas el brazo hacia la parte de atrás de tu coche, para que el tipo de las largas también vea tu hermoso gesto, mientras miras por el retrovisor para ver la cara de cabreo que se le ha puesto al amigo por no haberte apartado de su carril. Luego cámbiate de carril y continúa tu marcha observando por el rabillo del ojo el paso del anormal en su intento por recuperar velocidad. Parece complejo pero con un poco de práctica se vuelve muy sencillo y gratificante (no sólo sirve para coches de lujo, sino para todo imbécil que crea que la carretera es suya). La verdad es que os recomiendo que no lo hagáis porque por lo general la gente suele estar muy cabreada y estas cosas acaban a hostias.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Conciencia de Kurtz: estoy de acuerdo contigo, de hecho hace poco tiempo estampé mi BMW cargado de explosivos contra una clínica de cirugía estética para cmabiar radicalmente de vida. He vuelto a mi Citröen 2CV, pero he reforzado el blindaje y ahora no me tose nadie. De hecho, el último cagaprisas rebotó con el parachoques trasero y aún le están buscando...

Fran dijo...

juas, juas, juas.
Esa es la solución. Coches antiguos preparados para aniquilar lo que se encuentren a su paso.

Anónimo dijo...

Yo soy rubia pero no me han puesto en ningún coche de lujo... ¿me dejas tu pistola para suicidarme?

Toma nota, Carlota: en MadriZ los coches, todos (los de lujo, los inutilitarios, los de gorreros y chuletas) los venden sin intermitentes... te lo dice una conductora que era cívica hasta que se vino aquí :P

Fran dijo...

Todo el mundo sabe que Madrizzz es la ciudad sin ley en el tema de la conducción. El civismo se acaba en cuanto te pones al volante,jejejeej