miércoles, 26 de marzo de 2008

Destruye y calla. Sesión 3. Mi jefe es un inútil.

Muy buenas a todos y a todas.

Vamos a intentar analizar las tendencias psicópatas que sentimos hacia nuestros superiores. Es normal que tengamos ciertos sentimientos asesinos hacia nuestros jefes y eso nos hace ser más humanos... o no.

Bien. Hace tiempo leí un artículo sobre la concentración de cocaína en las aguas de los ríos europeos. Más o menos venían a deducir el índice de consumo de cocaína por su concentración en la orina que hay en los ríos de las ciudades por las que pasan. No recuerdo cuál era la ciudad más encocada de Europa y tampoco nos importa. Era un estudio hecho por no sé qué organismo de la ONU y parecía serio, interpretativo pero serio. Os cuento esto para poner la situación. Imaginad que tenéis un curro genial en un departamento x de la ONU. Tienes dos carreras, un máster y varios cursos. Dominas 5 idiomas entre los que se encuentra el alto elfo y el klingon, y tu madre llama todos los días a sus amigas para contarles lo superlisto que eres. Bien, hasta ahí todo genial. Pero un día llega tu jefe y te dice -Oye, que hemos pensado una cosita- Cagada, si tu jefe piensa estás perdido. Tu jefe continúa con la idea. -Te metes tu formación por el ojete y te vas a ir a meter tu hermosa mano por todos los ríos hiper contaminados de Europa, vas a sacar la orina que hay en ellos, y luego extraes la coca que contiene- Genial, una idea digna de un jefe. Sí señor.

Esta historia es ilustrativa de nuestros sentimientos. Nuestros jefes son estúpidos o por lo menos eso parecen. ¿Es culpa de ellos? ¿Ser jefe te vuelve imbécil? No sé las respuestas pero está claro que, salvo excepciones, nuestros jefes son insoportables.

Está claro que tu jefe tiene tres objetivos claves: 1 Quedar bien con sus superiores. 2 Hacer que parezcas un vago. 3 Echarte la culpa de todo. Son estas tres directrices las que hacen que tu jefe se comporte como un simio ante un problema matemático. Por supuesto que él también tiene sus problemas y que está sometido a mucha presión pero eso no es excusa para parecer un cretino ante sus empleados.
Todo jefe suele quedar en ridículo ante sus subordinados. Su inclinación hacia la incompetencia (esto también lo leí en un artículo que me prestó un amigo) hace que no sea tomado en serio por sus empleados de menor rango. Una oficina suele ser un caos y todos sabemos que el centro de ese caos empieza por las ideas geniales de nuestros superiores. Ideas que son imposibles de llevar a la práctica, por más que se empeñen, y encima la responsabilidad del fracaso cae en el capullo de turno enmarronado que ni pincha ni corta, es decir, nosotros los curritos.
Lo de la incompetencia y las ideas imposibles suele ser más palpable si trabajas en una multinacional o empresa grande. Aparte de sufrir las incongruencias de tus superiores tienes que aguantar el discurso de la unidad de todo para la empresa y por la empresa. ¡Joder! Eso es lo peor. Esta gente no comprende el sentido de lo sencillo. Si hay una manera complicada de hacer las cosas y otra sencilla, ellos elegirán la tercera vía...la estúpida forma de hacer las cosas. Esta forma es la que lleva a que el personal tenga que quedarse muchas más horas en la oficina, con el consiguiente cabreo y las posteriores reuniones para un futuro motín.
Motín, eso es. ¿Cuántos de nosotros no nos hemos encontrado conspirando con los compañeros para dar un golpe de estado (o pronunciamiento) contra nuestros superiores? Esa es la realidad que nos queda. La violencia y la destrucción son la salvación. Todos tenemos sueños orgíasticos sobre futuras mutilaciones y humillaciones hacia nuestros jefes. Ver arder la oficina con una cara de satisfacción que sería la envidia de Nerón. Sueños de anarquía dentro de la estructura ilógica de la oficina. ¡Qué grande! Pero la realidad nos lleva a agachar las orejas y sonreir. Ellos suelen ganar.
Reconozco que, a veces, ellos no tienen la culpa. Siempre hay un superior por encima del superior. Cuanto más alto subes en el escalafón, más basura te encuentras y eso nos cabrea todavía más. Ante esta panda de incompetentes sólo queda volver a sonreir y soñar con montar tu propia empresa para ser tu propio jefe, con incompetencia propia incluída, para no tener que soportalos.

¡Yo os animo para levantarnos en levas, quemar la oficina, atar a los jefes y tomar el control! Es fácil, nosotros somos más y mejor.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Joe, ¡qué mal te está sentando trabajar con mascarilla! Quítatela de vez en cuando que las concentraciones de dióxido de carbono te están envenenando el alma, elevando la temperatura del cerebro y al final le vas a partir la cara a alguno... borroka!!

Fran dijo...

la mascarilla me atrofia un poco, cierto. Prefiero la violencia verbal que la física. Es más refinada.

Anónimo dijo...

Fran, que gran razón tienes(menos cuando me llevas la contraria). Aqui te escribo, mientras me ahogo trabajando para estos jefes imbéciles a los que haces referencia. En realidad no me ahogo tanto, es un decir, como si te digo que estoy en una playa rodeado de chicas que quieres poseer mi cuerpo, para no se que leches la verdad...yo paso de preguntar.
¿Para cuando una cogorza viernes-festiva de esas de las nuestras?. Un abrazo